Hombre Lobo
LA BESTIA OCULTA
Los hombres lobo, las imágenes actuales de estos monstruos semi-humanos provienen en su mayorÃa del mundo irreal de Hollywood; pero los antiguos griegos y romanos creÃan que los hombres lobo existÃan y que eran totalmente fatales. Sorprendentemente, en la Francia del siglo XVI, 30.000 personas fueron acusadas de ser hombres lobo…
Las personas siempre han tenido una fascinación macabra por lo que más las aterra, bien sea que se trate del salvajismo real de asesinos seriales o de monstruos imaginarios como Frankenstein o Dráckula. A los seres humanos le llaman poderosamente la atención estos sujetos horripilantes. Uno de los más antiguos y perdurables es el hombre lobo.
En los albores de la civilización, era muy poco lo que separaba al hombre de la bestia. Las personas, en aquel entonces, pensaban que los humanos podÃan volver a ser animales, una creencia conocida como “cambio de forma”. Casi todas las sociedades primitivas tienen historias y creencias sobre la transformación de forma animal a humana y viceversa. En todas las civilizaciones ha habido historias sobre cómo saber controlar ciertos impulsos, emociones y deseos. La mayorÃa son los instintos más primitivos, los instintos animales. Desde que el hombre se civilizó el hombre lobo ha acechado en las sombras.
No estaban tan ocultos como para que no los notara el padre de la historia griega antigua, Herodoto. En el siglo V antes de Cristo, reportó en sus viajes acerca de un pueblo que cambiaba de forma conocido como los neurianos. “Cada neuriano se transforma una vez al año en un lobo, y continúa de esta manera por varios dÃas al cabo de los cuales vuelve a su forma original” (Herodoto).
Hay mitos muy poderosos sobre hombres lobo entre los griegos y los romanos. Hay historias romanas que parecen producciones de Hollywood de hoy en dÃa. Una de éstas provino de un satÃrico romano llamado Petronio, quien fue uno de los primeros en escribir crónicas sobre la perdurable relación entre los hombres lobo y la Luna llena.
Petronio escribió acerca de un hombre que, en una noche de Luna llena, fue a visitar a su amada. Le pidió a un amigo soldado que lo acompañara. En el camino, el soldado se detuvo repentinamente, se quitó la ropa, se transformó en lobo y se perdió en la oscuridad. Al llegar a la casa de su amada, el hombre escuchó que uno de los sirvientes se habÃa enfrentado contra un lobo y lo habÃa herido con su espada en el cuello. Al dÃa siguiente, el hombre encontró al soldado en el cuartel muriendo por una herida de espada en su cuello.
Estas historias eran muy difundidas y creÃdas. Si uno era herido siendo hombre lobo, se transformaba otra vez a la forma humana pero conservaba la herida.
La Luna llena – la cual influye sobre los mares y cualquier lÃquido sobre la tierra (siendo el humano más del 70% lÃquido) – tiene una conexión con la leyenda del hombre lobo, porque existe la creencia que la Luna llena causa la locura en la gente, lunáticos. La Luna llena y la transformación de hombre a bestia es una conexión natural y mágica.
Un relato aún más horroroso sobre un hombre lobo provino del poeta romano Ovidio. En el siglo I narró la historia de un antiguo rey griego llamado Licaon, cuya crueldad era tan conocida que el rey de los dioses, Júpiter, lo fue a visitar. Pero Licaon se rehusó a creer que su visitante fuera un dios, y lo puso a prueba al servirle un suntuoso banquete en el que secretamente habÃa mezclado carne humana. Aún entre los antiguos griegos el canibalismo estaba vedado. Era un verdadero tabú. Ofrecerle comida canÃbal a un dios era una gran ofensa. Júpiter inmediatamente detectó la comida contaminada, furioso, convirtió a Licaon en lobo para que orientara su afición por la carne humana de una mejor manera.
Del nombre del rey Licaon surgió la palabra Licántropo, cuyo significado es: el que se transforma en lobo. Esta historia tiene un profundo significado para comprender a los hombre lobo. Aquà se reconoce desde el principio que toda la idea de licantropÃa estaba relacionada con los aspectos del ser humano que se oponÃan a la sociedad civilizada.
Durante la Edad Media, la creencia que los humanos se transformaban en animales predadores prevalecÃa en el mundo y bajo ninguna circunstancia se limitaba a los lobos. Estamos hablando de un fenómeno donde la gente creÃa que algunos de sus vecinos podÃan transformarse en un animal. Y ese animal era el depredador que predominaba el área.
Entonces se pensaba que utilizar la piel o el cuero de un animal era una forma de convertirse en ese animal. Los vikingos hicieron de esa creencia parte de su arsenal militar ya que se colocaban pieles de oso antes de la batalla. Esta práctica contribuyó con su reputación de ser guerreros totalmente intrépidos y manÃacos.
Sin embargo, en la Europa medieval, el animal más temido era el lobo. Considerado como el mayor carnÃvoro del continente se creÃa que era el predador más peligroso que pudiera existir. Montague Summers, una autoridad del siglo IXX en ocultismo y lo sobrenatural, describió adecuadamente lo que significaba el lobo para los europeos medievales: “las caracterÃsticas más notables del lobo, son la crueldad desmedida, la ferocidad bestial y el hambre insaciable. Tiene algo de demonio infernal. Simboliza la noche y el invierno, la presión y la tormenta, el oscuro y misterioso emisario de la muerte” (Summers).
Los cuentos cautelosos acerca de lobos eran repetidos ampliamente, sobretodo a los más vulnerables de la población, los niños. Uno de los más famosos es el de la Caperucita Roja. Es un cuento muy siniestro y claramente uno de hombres lobo. Está la pequeña y el lobo vestido como la abuela; quien habla con Caperucita. No es un lobo común, está muy claro que es un hombre lobo.
LICANTROPOS HEREJES
En los siglos XVI y XVII, Europa era un hervidero de actividades de hombres lobo. Eran tiempos tumultuosos en los que imperaban miedos irracionales, supersticiones y cambios religiosos radicales.
En la cúspide de la Edad Media, sobretodo cuando estaba por empezar la Reforma, comenzaron las luchas contra la brujerÃa y las quemas en la hoguera. Junto con la lucha contra la brujerÃa, empezó una nueva lucha contra la licantropÃa y surgió una nueva ola de creencias que los hombres lobos y las brujas existÃan y que tenÃan un impacto sobrenatural y negativo sobre la sociedad.
El pánico que rodeaba a los hombres lobo aumentó con la histeria de la brujerÃa. De 1300 a 1700, miles de personas fueron enjuiciadas bajo el cargo de brujerÃa. Las acusaciones de sacrificios humanos, canibalismo y libertinaje sexual, provenÃan principalmente de los campesinos. Pero los acusados también eran, casi en su totalidad, campesinos.
La histeria por la brujerÃa fue alimentada en parte por los problemas económicos y sociales. La pobreza, las enfermedades, el crimen y el hambre azotaban a los europeos. Los campesinos trabajaban mucho y recibÃan muy poco. Imposibilitados para surgir, muchos campesinos atribuÃan su pobreza y otros problemas a las brujerÃas de sus vecinos. Por esta razón, otros campesinos se convirtieron en chivos expiatorios de males sociales incurables.
Sus temores también estaban alimentados por la religión. En ese entonces, la Iglesia católica era la fuerza que regÃa la vida de las personas, dictaba los patrones de conducta y daba explicaciones a los fenómenos que la gente no comprendÃa. De acuerdo con la doctrina eclesiástica, la intención de Satanás era destruir la civilización cristiana; y para ello requerÃa de hordas de discÃpulos, de brujas. La hechicerÃa era considerada como una traición, un atentado para derrocar a la Iglesia.
Para detener la hechicerÃa, la Iglesia creó la Inquisición, un proceso legal extremo que hizo posible una cacerÃa de brujas masiva. Los obispos, que fingÃan de inquisidores, buscaban herejes en aquellos que hablaban contra las tradiciones de la Iglesia católica.
Hacia el año 1231, las cortes inquisidoras bajo el control directo del papado, se establecieron en toda Europa. Los herejes que se arrepentÃan recibÃan una sentencia de cadena perpetua; aquellos que no se arrepentÃan generalmente eran quemados en la hoguera. La Inquisición perseguÃa despiadadamente una acción sangrienta. Su meta era aniquilar a todo aquel que no fuera un sincero cristiano católico. Entre las vÃctimas estaban protestantes, judÃos, brujos, mÃsticos y hombres lobo.
La licantropÃa era considerada como una especie de brujerÃa ya que implicaba un pacto con el demonio, la herejÃa.
Para el siglo XVI, las cortes eclesiásticas habÃan adoptado los procedimientos de la Inquisición para proteger a la sociedad de las brujas y de los hombres lobo. En 1532, la tortura judicial se convirtió en el medio legal para determinar la brujerÃa malévola y la licantropÃa. No se podÃa probar el crimen materialmente ni probar que alguien hizo un hechizo. La única forma de obtener un veredicto era la confesión, y la mejor forma de obtenerla era aplicando la fuerza.
Los inquisidores, al escuchar estas confesiones y contemplar con dificultad el horror inhumano y sádico de los crÃmenes enumerados, prefirieron pensar que habÃan sido cometidos por un verdadero monstruo mitad hombre mitad lobo en conjunción con el demonio.
En Francia, el término hombre lobo era Loup-Garou, y repentinamente, a principios de 1500, comenzaron a aparecer en proporciones epidémicas. Según las leyendas, podÃan ser identificados con facilidad. Las cejas que se unen en el centro, pelos en las palmas de la mano, etc. Cualquiera que viviera en Francia en el siglo XVI, solo, aislado de los demás, que fuera desaliñado y que se comportara de forma rara o desagradable, fácilmente podÃa ser visto como un hombre lobo.
En una serie de acusaciones y arrestos entre 1520 y 1630, solo en Francia, más de 30.000 personas fueron enjuiciadas bajo la acusación de ser hombres lobo. TÃpica fue la historia del siglo XVI de un campesino llamado Gilles Garnier. TenÃa reveladoras cejas que se unÃan en el medio y vivÃa como un ermitaño en un choza en las afueras de Dole. Los pobladores que rescataron a una niña del ataque de un lobo, pensaron reconocer a Gilles en el animal. Ellos creÃan que se habÃa transformado al frotarse la piel con un ungüento mágico. Una semana más tarde atraparon a Gilles y lo torturaron bárbaramente hasta obtener su confesión para luego quemarlo en la hoguera.
Pero las vÃctimas de las cacerÃas de hombres lobo no estaban limitadas a los hombres. Del centro de Francia surgió una famosa leyenda de una mujer lobo. En la región de Auvernia, un cazador fue atacado por un lobo en 1558. En la feroz batalla, el cazador logró cercenarle una pata. Éste colocó el miembro cortado en su saco y en el camino se detuvo en la casa de un noble para relatar su aventura. Pero cuando sacó la pata se encontró con la delicada mano de una mujer cuyo dedo portaba un anillo de matrimonio. Al reconocer el anillo, el noble subió las escaleras y encontró a su esposa vendándose el brazo sangrante. Ella confesó ser una mujer lobo y fue quemada en la hoguera.
Sin embargo, las confesiones eran de una dudosa autenticidad debido al proceso de interrogación. HervÃan la gente en aceite, las torturaban con tenazas calientes, etc. Bajo esas circunstancias confesaban rápidamente que eran hombres lobo o brujas.
Tal fue el destino, en 1589, de un pobre campesino llamado Peter Stump, quien fue acusado de ser un hombre lobo al colocarse una piel mágica. No importó que esa piel nunca hubiera sido hallada. Las autoridades lograron su confesión utilizando pinzas al rojo vivo, la rueda y arrancándole la piel de sus huesos. Todo aquello fue narrado en una publicación sensacionalista de gran formato de la época. El destino de Stump fue el mejor conocido de todos los hombres lobo, ya que la gente devoraba ese tipo de publicaciones para escapar de la implacable rutina diaria.
Un juicio a un hombre lobo en 1604, logró sentar precedente en la historia legal con un caso de compasión. El acusado era Jean Grenier, un pastor de 14 años de la región francesa de Bordeaux. Era un chico entregado a recorrer los campos que hoy en dÃa serÃa calificado de discapacitado mental. Cuando una testigo aseguró que lo habÃa visto colocarse una piel mágica y convertirse en lobo, fue arrestado. Él dijo que un misterioso extraño, tal vez el demonio, le habÃa dado la piel que lo convertirÃa en hombre lobo. Cándidamente admitió haber estado al asecho y atacado a niños. La sala de la corte rompió en incómodas carcajadas cuando Grenier describió su preferencia por la sangre joven, por cuanto una mujer vieja era tan dura como el cuero. Esto lo hacÃa un candidato seguro para la ejecución. No obstante, un abogado dio un apasionado discurso alegando que era una vÃctima de su descontrolado cerebro. El argumento de demencia prevaleció, y en vez de vérselas con la muerte Grenier fue sentenciado a prisión en un monasterio, donde se fue deteriorando hasta que murió antes de los veinte años.
LA CIENCIA OPINA
En el siglo II después de Cristo, los médicos, sorprendentemente, reconocÃan la conversión de un hombre a lobo como una enfermedad psicológica, una forma de depresión. Pero el tratamiento resultaba ser tan terrible como el ataque de un hombre lobo: la apertura de una vena y desangramiento. Aunque la cura era bárbara el diagnóstico era bastante perspicaz.
Hoy en dÃa, los psiquiatras tienen un nombre para esta enfermedad mental: licantropÃa. Una persona durante un ataque de este mal podrÃa aullar, querer comer carne cruda y hasta correr en cuatro patas.
Para mediados del siglo XVII la gente comenzó a darse cuenta que aquellos que se proclamaban lobos eran en realidad dementes. Muchas vÃctimas fueron enviadas a monasterios en vez de ser quemadas en la hoguera. No obstante, algunos creÃan que los hombres lobo no estaban locos sino que quizás estaban bajo el efecto de drogas.
A menudo supuestas brujas preparaban ungüentos para tratar las enfermedades de los campesinos. En un caldero se mezclaban plantas y hierbas, como semillas de amapola del opio, acónito o napelo, que disminuye el ritmo cardÃaco, y belladona, una planta altamente venenosa. Al ser frotado en la piel este preparado mágico, entraba en el torrente sanguÃneo e inducÃa confusión mental, excitaciones salvajes y delirios. Pensar que alguien se convirtiera en hombre lobo no resultaba imposible.
Otro posible alucinógeno se producÃa en el pan de centeno, alimento esencial en la dieta del campesino europeo del medioevo. Cuando los inviernos eran extremadamente frÃos, un hongo llamado “cornezuelo del centeno”, infectaba el centeno. El pan podÃa inducir alucinaciones como las del LSD, asà una persona podÃa ver a un hombre lobo o creerse uno.
Los informes de los pobladores asustados por las visiones de un humano harapiento corriendo por el bosque alimentaban los temores por los hombres lobo. Pero a menudo el criminal era un ermitaño o, en unos pocos casos, niños salvajes.
Otra explicación para las visiones de hombres lobo pudo tener relación con dos enfermedades clÃnicas descubiertas más tarde. Una, la hipertricosis, es un raro desorden genético que ocurre en uno de cada millón de nacimientos. Ésta causa un crecimiento desmedido del cabello en todo el cuerpo. La segunda enfermedad que podrÃa haber ayudado a perpetuar el mito del hombre lobo es la porfiria. Es una forma extremadamente rara de desorden sanguÃneo genético que se reconoció por primera vez en el siglo XX. En algunos casos graves los pacientes son tan sensibles a la luz del Sol que una prolongada exposición podrÃa resultar en la pérdida de tejido de las extremidades, la cara y la cabeza. Alguien con esta enfermedad saldrÃa tarde de noche. Si tienen sus tejidos muy dañados, sobre todo las manos, éstas tenderÃan colgar como garras. Si han perdido tejido de los labios, tendrÃan los dientes más expuestos y tendrÃan un color marrón, que podrÃa asociarse con la sangre. Y el crecimiento adicional de pelo, sobretodo alrededor de la sien.
Algunos expertos disputaban los datos médicos y cientÃficos al afirmar que eran explicaciones insuficientes para la creencia ampliamente fundamentada y dominante en los siglos XVI y XVII.
La creencia en los hombres lobo no existe sólo en algunos lugares donde el LSD pudo llegar a los alimentos o donde pudo haber epidemias o existe la porfiria. Es un fenómeno más grande que eso. Este mito nos ha llegado a través de las épocas y básicamente trata sobre nuestra naturaleza interna. El lado animal que tenemos, como lo consideramos, a diferencia del lado espiritual. Tiene un gran atractivo porque después de todo somos animales. Tal vez sea un error buscar explicaciones racionales, porque en cierto grado no lo es. Siempre nos fascinó el lÃmite confuso entre los seres humanos y los animales, especialmente por el temor de la bestia interior.
EL HOMBRE LOBO EN HOLLYWOOD
A pesar de un linaje que data de tiempos remotos, la mayor parte de lo que hoy en dÃa nos resulta familiar con respecto a los hombres lobo se debe a la pelÃcula de 1941: “The Wolf Man” (El Hombre Lobo). Lon Chaney Jr. interpretó a este feroz personaje. Esta pelÃcula fue el primer sÃmbolo de terror de los años 1940, fue el primer filme en mucho tiempo con un monstruo.
Tal vez lo que le falta al hombre lobo es una gran novela; y quizás por eso no sea tan popular como el vampiro, el monstruo de Frankenstein, o el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Hay muchos cuentos buenos sobre hombres lobo pero ninguno se compara con Dráckula o con el Frankenstein de Mary Shelley.
TÃpico de los intentos literarios victorianos, en 1846, G. W. M. Reynolds escribió un libro de poca calidad titulado “Wagner, el hombre lobo”. Fue seriado por capÃtulos en las revistas baratas de la época conocidas por ser sensacionalistas.
Unos 20 años más tarde, en 1865, apareció un trabajo más elaborado, una colección de leyendas realizadas por Sabine Baring-Gould en “El libro de los Hombres Lobo”. Pero la primera novela que obtuvo reconocimiento literario no serÃa publicada sino hasta 1933. Escrita por el guionista de Hollywood, Guy Endore, y ubicada en Francia se llamó “Un hombre lobo en ParÃs”.
Estaba basado en un caso real. Era un soldado francés que habÃa entrado a los cementerios de ParÃs, se asemejaba a un vampiro y se alimentaba de la sangre de los muertos; pero el cuento lo describÃa como un hombre lobo. Luego, en 1935, hicieron la pelÃcula que tuvo un gran éxito.
La pelÃcula titulada “Un hombre lobo en Londres”, cambió a ParÃs por Londres para capturar la audiencia de habla inglesa. Fue el primer largometraje sobre hombres lobo y, aún cuando fue bien recibido, éste no llegó a convertirse en punto de referencia del género, la razón: la censura.
Los censores sentÃan que la transformación de un hombre en una bestia era un paralelismo demasiado cercano a la polémica teorÃa de la evolución de Darwin.
Dado el éxito de taquilla, los estudios Universal estaban ansiosos por producir otra pelÃcula, pero, una vez más, se enfrentaron a la censura. Como Adolfo Hitler estaba asfixiando a Europa, la censura decidió que las pelÃculas de terror no tenÃan lugar en tiempos de tensión.
Curiosamente, a Hitler le encantaban los lobos. Era caracterÃstico el termino que escogió para sus temidos submarinos: “La manada de lobos”, llamados asà por su táctica de circundar un convoy y sin misericordia atacar una nave a la vez.
Sin embargo, la prohibición de las pelÃculas de terror se convertirÃa a su vez en una baja de la guerra. Resultó ser que el público necesitaba un escape emocional y las pelÃculas de terror eran las más indicadas.
La pelÃcula “El hombre lobo” estableció los rasgos caracterÃsticos de esta bestia: su aparición cuando salÃa la Luna llena; la marca del pentagrama, un emblema satánico que señalaba a su próxima vÃctima; y la muerte con una bala de plata, la plata es al hombre lobo como el ajo a los vampiros.
Pero el momento más memorable fue la conversión de hombre en lobo. Era la primera vez que el público lo veÃa en la pantalla. El sobrecogedor poder de las imágenes cambiarÃa la percepción que tenÃa el público del monstruo para siempre. Una de las cosas que le hacen el escenario y la pantalla a la compleja mitologÃa folklórica, es simplificarla y entregarla para que sea entendida con facilidad. El cine nos ayudó a comprender al hombre lobo al simplificarlo y darle caracterÃsticas con las cuales nos podÃamos identificar.
Las caracterÃsticas de la pelÃcula sobre el hombre lobo fueron creadas por el inmigrante y guionista alemán Curt Siodmak. El resultado del guión, brillantemente concebido por Siodmak, fue que Hollywood elaboró sus propias reglas sobre el hombre lobo, las cuales se mantuvieron.
EL ANTAGONISMO DE LA CIVILIZACIÓN
A pesar de todo lo que se sabe de los hombres lobo, desde leyendas antiguas y mitos hasta explicaciones cientÃficas y médicas, el animal continúa suscitando intensos debates. Los grupos conservacionistas luchan por el derecho de los lobos a existir, pues consideran que simbolizan todo lo que es salvaje y libre en la naturaleza; otros preferirÃan eliminarlos por completo al verlos como predadores peligrosos y destructivos. La incómoda relación humana con los lobos continúa.
El hombre lleva una bestia dentro de sà y desea secretamente convertirse en una para perder las limitaciones civilizadas. Cuanto más civilizados somos, más necesitamos fantasear sobre no ser civilizados.
Tales fantasÃas se expandieron cuando las viejas pelÃculas sobre los hombres lobo se pasaron por televisión en los años 1950. Los niños empezaron a desarrollar una afinidad con la tenebrosa criatura. Cuando niño uno se aferra a los monstruos, porque son tan incomprendidos como uno. También les cuesta adaptarse al ambiente, pero se defienden y se fantasea a través de ellos.
Más que un objeto de temor, el hombre lobo se estaba convirtiendo en un icono de la cultura popular. En 1972, el legendario Stan Lee de la Marvel Comics, creo una serie llamada “Werewolf by Night” (Hombre Lobo de Noche).
Los adultos contemporáneos se han resistido a considerar el hombre lobo como una cosa de niños. La exitosa novela de Gary Brandner de 1977 “The Howling” (El Aullido) acerca de una sociedad coetánea de hombres lobo se convirtió en un clásico de culto, en parte por el enfoque de la salvaje sexualidad y lujuria del hombre lobo. “La cara del lobo estaba a centÃmetros de la suya. Su aliento, caliente y húmedo, silbaba en su oÃdo. Los dientes brillantes, grandes como un dedo, daban tarascones en el aire y se acercaban a su garganta”.
Parte de la dicha de ser hombre lobo, es que uno puede saltarle encima a la mujer loba que quiera y nadie lo mirará con extrañeza. Es la libertad de ser tan sensual y lujurioso como uno desea ser.
En 1997, el servicio postal de Estados Unidos se unió al frenesà al lanzar cinco estampillas de monstruos del cine. El hombre lobo de Lon Chaney Jr. está en boga de nuevo después de más de cincuenta años desde que el escritor Curt Siodmak creó el personaje.
El hombre lobo ha evolucionado a través de la historia. Lo que la mayorÃa aceptamos ahora como leyenda fue una vez muy real. Comenzó como una forma de explicar lo inexplicable, una criatura a quien se le podÃa culpar de las atrocidades del hombre. SÃmbolo de la sexualidad y el poder que muchos humanos envidian pero no pueden tener.
“Aun el hombre que es puro de corazón y dice sus oraciones de noche, se convertirá en lobo cuando florezca el veneno y brille la Luna de otoño” (Curt Siodmak).
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