El Capitán Robert Scott habÃa organizado una expedición con la intención de ser el primero en alcanzar el Polo Sur, pero no lo consiguió. Debido a innumerables problemas que fueron surgiendo por una organización deficiente llego más de 30 dÃas tarde con respecto a Roald Amundsen, su contrincante en la carrera por la conquista del polo.
Pero el verdadero problema no fue llegar tarde, fue la vuelta. En su regreso llegó a un punto en el que supo que él y sus hombres morirÃan. Consciente de ello escribió:
"Las causas del desastre no son debidas a una organización defectuosa de la expedición, sino a la mala suerte en todos los riesgos que tenÃamos que correr.
1. La pérdida de los ponys ocurrida en marzo de 1911, me obligó a partir más tarde de lo que habÃa decidido en un principio y a llevar una cantidad de vÃveres menor a la prevista.
2. El mal tiempo en la ida, sobretodo la larga tormenta que sufrimos en los 83º de latitud, retardó nuestra marcha.
3. La nieve blanda en las regiones inferiores del glaciar hizo aún más lento nuestro avance.
Con energÃa hemos luchado contras estas circunstancias imprevistas y las hemos vencido, pero a costa de nuestros vÃveres de reserva. Las provisiones, la ropa y la organización de la lÃnea de depósitos establecidos sobre la meseta, asà como en toda la ruta del Polo, de 1300 kilómetros, han sido totalmente satisfactorias.
Nuestro grupo habrÃa regresado al glaciar Beardmore en buen estado y con un buen suplemento de vÃveres si no se hubiera producido el desfallecimiento sorprendente de Evans, entre nosotros el que creÃamos el más resistente.
A buen tiempo el glaciar Beardmore no es difÃcil de atravesar; pero en nuestro regreso no tuvimos una sola jornada realmente buena y la enfermedad de nuestro compañero agravó aún más la situación.
Como ya he dicho, nos aventuramos en una región glaciar extremadamente accidentada; y en una caÃda, Edgar Evans sufrió una conmoción cerebral. Murió de muerte natural. Su desaparición dejó a nuestro equipo debilitado en el momento en que un invierno precoz caÃa sobre nosotros.
Pero todo esto no es nada en comparación con lo que nos esperaba en la barrera. De nuevo afirmo que las disposiciones tomadas para asegurar nuestra retirada eran óptimas, y que nadie habrÃa podido prever en esta época del año, las temperaturas y el estado de la nieve que encontramos. En la meseta, entre los 85º y 86º de latitud tuvimos entre -28º y -34º centÃgrados; y en la barrera a 82º de latitud y una altitud de 3000 metros la más baja, experimentamos generalmente -34º durante el dÃa y -44º durante la noche, con un incesante viento en contra durante las marchas.
Estas circunstancias se han producido de improviso y nuestro fracaso es debido a la llegada súbita del mal tiempo, fenómeno al parecer imposible descubrir la causa. Ningún ser humano ha sufrido tanto como nosotros en este último mes. A pesar del frÃo y del viento habrÃamos pasado si no hubiera sobrevenido la enfermedad de un segundo compañero, el capitán Oates; si no se hubiese disminuido inexplicablemente el combustible contenido en los depósitos; y, en fin, sin este último huracán. Nos han detenido a 11 millas del depósito donde esperábamos hallar los vÃveres necesarios para la última parte del viaje. ¿Nunca alguien tuvo antes peor suerte?.
Hemos sido detenidos a 11 millas del campo One Ton, con vÃveres para sólo dos dÃas y combustible para una sola comida. Desde hace cuatro dÃas nos ha sido imposible salir de la tienda: el huracán sopla a nuestro alrededor. Estamos débiles, apenas puedo escribir. Sin embargo no lamento haber emprendido esta expedición: en ella se demuestra la resistencia de los ingleses, su espÃritu solidario, y prueba de cómo saben mirar la muerte con tanto valor, tanto hoy como ayer. Hemos afrontado riesgos, sabiendo de antemano que Ãbamos a correrlos. Si las cosas se han vuelto contra nosotros, no debemos quejarnos, sino inclinarnos ante la voluntad de la Providencia, resueltos a hacer todo lo que podamos hasta el final…
Me gustarÃa tener una historia que contar sobre la fortaleza, resistencia y valor de mis compañeros que removiera el corazón de todos los ingleses. Estas torpes notas y nuestros cuerpos muertos, la contarán…
Robert Falcon Scott."
El 19 de marzo de 1912 escribió sus últimas palabras antes de morir "Ha sucedido lo peor. Se han desvanecido todos los sueños, es una lástima, pero no creo que pueda escribir más".


que cantidad de calamidades paso esta gente..parece que todo se hubiese puesto en su contra..
El clima en los polos es muy extremo y este puede cambiar en cualquier momento y tirar cualquier plan que se tenga…