ARNAU DE VILANOVA
Fue llamado “el médico de Reyes y Papas” y se lo reconoce como uno de los más grandes alquimistas de todos los tiempos. Un personaje fascinante que sin duda se adelantó a su época.
Arnau de Vilanova se querÃa ciudadano de aquello que se llamó “la catolicidad” en un tiempo en el que
Arnau, efectivamente, prefigura a los hombres del Renacimiento en su polifacetismo, en el interés que tuvo por todas las ramas del saber. Frecuentemente se le ha comparado a Paracelso, pero también pueden encontrarse sin dificultad similitudes con Giordano Bruno, Marsilio Ficino, Pico della Mirandola y otros muchos. Al mismo tiempo, Arnau es heredero de la gloriosa tradición esotérica anterior, personificada en figuras como San Alberto Magno, Roger Bacon, JoaquÃn de Fiore, Avicena o Galeno a quienes leyó y tradujo. Arnau es profundamente universal y, en tanto que tal, es decir, al no sentirse ligado a ninguna tierra, encarna los valores de lo que, con Evola, hemos dado en llamar “Luz del Norte”.
Esta es pues la vida y la obra de un hombre excepcional, que percibiendo la proximidad del fin de los tiempos, propuso renovar
Se tienen pocos datos sobre la vida de este hombre que fue llamado en rigor “Médico de Reyes y Papas”. El mismo nos dice en su “Espejo Médico” que nació en Vilanova de Filoca, cerca de Daroca, en 1240, cuando el territorio hacÃa poco que habÃa sido conquistado por el “Buen Rey Jaime”. La zona habÃa sido repoblada con cristianos venidos de las tierras de Lleida.
A los veinte años fue a estudiar a Montpellier y logró graduarse en
Por esas fechas, Arnau habÃa acumulado una notable biblioteca compuesta por libros de inspiración joaquinita, platónica y aristotélica sin que faltarán obras de Santo Tomas -imprescindibles en la época- textos de medicina y otras ciencias.
Pasó a ser médico de Pedro II de Aragón al que tratará de distintas dolencias hasta 1289, fecha en que vuelve a Montpellier donde residirá los diez años siguientes componiendo buena parte de su obra; en ese tiempo tradujo a Avicena y Galeno. También escribe obras de carácter profético que empiezan a ser miradas con desconfianza por los inquisidores que ven indicios del pensamiento de los begardos, fatricellis y otras herejÃas medievales.
En 1297 publicará su “Introducción a JoaquÃn de Fiore” y se hará portaestandarte del profetismo cristiano y del milenium apocalÃptico que se originará con la llegada del anticristo que Arnau anuncia a fecha fija. El estudio de la cábala hebrea y su contacto con antiguos alumnos del Studium Hebraicum de Barcelona y Montpellier le induce a intentar la sistematización de una cábala cristiana a partir del análisis del nombre secreto de Dios, “Yhavhé”.
Su actividad como médico de Jaime II le dará gran prestigio entre la corte catalano-aragonesa y, de médico de palacio, pasará a ser consejero del Rey. A finales del siglo XIII escribirá para Jaume II un “Tratado sobre
En 1298 Felipe el Hermoso, rey de Francia, lo envÃa en una embajada al Valle de Arán. Aprovecha su estancia en ParÃs para difundir sus ideas escatológicas sobre la llegada del anticristo. Esto le valdrá un primer proceso del que sólo le salvará su cargo de embajador y la inesperada influencia a su favor de Nogaret, el canciller del rey Felipe el Hermoso; este hombre, que ha pasado a la historia con el nombre de “el chacal” por haber expoliado y destruido a
Lo vemos en el 1302 en Catalunya, polemizando con los dominicos de Gerona. Al año siguiente se ve forzado a escribir varios opúsculos contra los dominicos de Marsella que también le acusan de herejÃa, impiedad y contactos excesivamente estrechos con el cabalismo hebreo y los sabios islámicos. Estos ataques le obligan a pedir la protección del nuevo papa Benedicto XI del que será su médico, pero no podrá evitar que muera al poco tiempo, según algunos rumores, envenenado por un “espiritual”, Bernardo Delicieux.
Marcha a la corte de Federico III de Sicilia, al que la cristiandad tiene por gran protector de los franciscanos “espirituales”. Los disidentes franciscanos, en su intento de predicar una vida pura y ascética, huyendo de oropeles y vanidades, no hacÃan si no mirar hacia el interior de sà mismos y rechazar lo que representaba
La catolicidad está en esto cuando Arnau establece su programa de reforma de la cristiandad. Es significativo que el eje de su programa gravite en el aspecto guerrero By, en definitiva, Imperial y caballeresco: no será el sacerdote, sino el guerrero al servicio del Imperio, quien reconquiste los Santos Lugares en una nueva cruzada. Arnau considera que sólo la derrota del Islam puede crear un clima favorable para una vigorización y un fortalecimiento de la catolicidad. Sus escritos quieren ser el tambor que llama a la “Guerra Santa”.
Clemente V, su amigo será elegido papa poco tiempo después, cuando se ciernen sombras amenazadoras sobre los templarios y las concepciones tradicionales de la humanidad medieval. Dos años después, en 1309, concluida la primera parte del drama templario, todos los reinos de Occidente han tomado medidas, más o menos duras, para disolver la orden en sus territorios; ese año, Arnau llega de nuevo a la corte de Sicilia con la esperanza de poder formular el paradigma de una nueva polÃtica cristiana para toda la catolicidad capaz de sustituir el plan templario.
Sus adversarios verterán sobre él las calumnias más abyectas, dirán que ha calumniado a Jaime II ante el Papa. El rey lo cita en Málaga y le retira su confianza; aquà se iniciará el principio del fin. Envejecido y enfermo decide desplazarse de nuevo a la corte de Sicilia en donde le soplan vientos más favorables, pero fallece en el navÃo que lo traslada ante los baluartes de Génova. Era el año del Señor del 1311.
Arnau, médico y alquimista
Hasta aquà llega la biografÃa “oficial” de Arnau de Vilanova. ¿Puede decirse algo más? Si nos detuviéramos aquà estarÃamos sólo ante un médico notable y gran erudito; pero Arnau era mucho más que eso. Un maravilloso cuadro de Josep MarÃa Sert expuesto actualmente en la “Sala de
Michel Maier, alquimista y rosacruz alemán del siglo XVII en su tratado “Symbola aureae mensae” cita un texto de Johan Andreae en el que alude a una transmutación de plomo en oro realizada por el mismo Arnau de Vilanova: “En vida nuestra, hemos recibido en la curia Romana al Maestro Arnau de Vilanova, médico y teólogo supremo (…). Era también gran alquimista que habÃa fabricado varillas de oro, las cuales no presentaron ninguna dificultad a dejarse someter a todas las pruebas”. Giovanni Francesco Mirandola, añade en su “Tratado sobre
Estos testimonios prueban que existió una tradición renacentista que consideraba a Arnau como uno de los grandes alquimistas medievales, si bien es cierto que entre el centenar largo de obras firmadas por Arnau de Vilanova de las que se tiene constancia, muchos son tratados de alquimia, si bien es cierto que buena parte de ellos son apócrifos.
Los teólogos católicos actuales tienden a considerar que cualquier obra firmada por Arnau, por el mero hecho de tratar de alquimia, es automáticamente apócrifa. Pero esto dista mucho de ser evidente; en las obras incuestionablemente escritas por Arnau se perciben igualmente ecos de la vieja alquimia, aunque traten de medicina o escatologÃa; por lo demás, algunas, como “El camino del camino” o el “Gran Rosario”, siendo aceptados como escritas por él, tocan directamente aspectos alquÃmicos. En “El camino del camino” puede leerse en la introducción: “Aquà da comienzo este tratado somero, breve, sucinto y útil para quien quiera comprenderlo. Los indagadores hábiles encontrarán en sus páginas una parte de la piedra vegetal que han ocultado con celo de otros filósofos”. El libro fue remitido a Benedicto XI en 1303.
En un manuscrito que el bibliógrafo francés Poirier atribuye a Arnau se describe el proceso de rejuvenecimiento que deben seguir aquellos adeptos que han alcanzado la eterna juventud; estos afortunados alquimistas deberán periódicamente untarse “dos o tres veces por semana con el meollo de la cañafÃstula. Cada noche antes de acostarse pondrán en la cabeza un sinapsismo compuesto por azafrán oriental, pétalos de rosas rojas, esencia de sándalo, acÃbar y ámbar, todo ello disuelto en aceite de rosas a lo que se añadirá un poco de cera”.
Esto puede parecer extraño e ingenuo, pero no lo es tanto si tenemos en cuenta que algunos de los tratados alquÃmicos atribuidos a Arnau suponen una renovación en las concepciones herméticas y orientaron el trabajo futuro de generaciones de alquimistas hasta llegar a Fulcanelli. Este, en efecto, considerado como el gran alquimista del siglo XX, cita en sus dos obras, “Las moradas filosofales” y “El misterio de las catedrales”, textos de Arnau.
Comentando los relieves hermétidos del pórtico principal de Notre Dame de ParÃs, Fulcanelli trae a colación un párrafo del “Gran Rosario”: “Nuestra agua toma los nombres de las hojas de todos los árboles, de los árboles mismos y de todo lo que presenta un color verde a fin de lograr engañar a los insensatos”. Pues bien, este interés por el verde coincide con otras apreciaciones incuestionablemente arnaldianas. En
Arnau es importante en la historia de la alquimia; no en vano fue el primer “filósofo por el fuego” que dividió la “obra filosofal”, necesaria para alcanzar la transmutación de los metales, en fases o “regÃmenes”, costumbre que luego seguirÃan todos los alquimistas posteriores a él. En el capÃtulo titulado “Práctica de la obra” incluido en su libro “El camino de los caminos” escribe: “… todos los cuerpos deben ser llevados a la materia prima para hacer posible la transmutación”; y en las páginas siguientes define por vez primera las cuatro etapas de este proceso: disolución, limpieza, reducción y fijación, estando cada uno de estos “regÃmenes” está sometido a un elemento: agua, tierra, aire y fuego, respectivamente.
En el curso de sus escritos alquÃmicos Arnau cita frecuentemente a Morieno y Geber, alquimistas árabes, lo cual coincide perfectamente con su conocimiento de la cultura islámica. Sus tratados escritos en Montpellier sobre “Del húmedo radical” y la “FilosofÃa Natural”, son incuestionablemente suyos y evidencian su saber hermético y su práctica operativa en el laboratorio alquÃmico.
Tampoco es posible dudar de su conocimiento sobre los procedimientos de laboratorio. Se le tiene como descubridor de algunos compuestos quÃmicos. Poco antes de morir escribió una fórmula que decÃa conducir inefablemente a la piedra filosofal: “Toma tres partes de limaduras de plata pura, tritúralas con una parte de mercurio hasta que resulte de ello una materia pastosa; cuécelo a fuego lento con una mezcla de vinagre y sal y sublÃmalo todo”… fórmula para la obtención del bicloruro de mercurio. Asà mismo se le tiene por descubridor del ácido sulfúrico, el nÃtrico y el clorhÃdrico… En aquella época no existÃa la quÃmica tal como la entendemos hoy, la práctica con matraces y retortas, hornos y metales, no constituÃa sino prácticas alquimistas. Otro tanto puede decirse del ejercicio de la medicina, fronteriza con la magia y el hermetismo, un campo en el que Arnau destacó con luz propia.
Bonifacio VIII fue el gran protector eclesiástico de Arnau de Vilanova, mientras gobernó la cristiandad. A pesar de haber atacado al papado con una violencia irrespetuosa inusitada para la época, Bonifacio VIII lo salvó de las garras de
Llegado a Roma en agosto, Arnau confecciona un talismán que ostentaba el signo del león, correspondiente a ese mes. Mientras lo “magnetizaba”, iba recitando salmos y versÃculos de
El concepto que tenÃa Arnau de la ciencia médica entroncaba directamente con el saber hermético de su tiempo. PercibÃa en todas las cosas un “spiritus” que se manifestaba de distintas maneras, algo asà como la fuerza vital que nos mantiene en pie y activos. Ese “spiritus” equivale, en su concepción, a una forma de energÃa capaz de ser transmitida de un ser a otro, mediante un proceso de sanación o bien susceptible de ser mermada por distintos factores que generarán enfermedad.
La posibilidad que el “médico” tiene de influir sobre el “spiritus” deriva de la estructura misma del cosmos. El hombre no puede influir sobre lo que es superior a él -Dios, los ángeles, etc.- pero sà sobre aquellas fuerzas “elementales” que se sitúan debajo suyo en la escala jerárquica. Captar y reconducir la fuerza de estos principios “elementales” de la naturaleza es la tarea del médico.
Esta concepción fue completada con otra derivada de su admirado Galeno. Arnau era contrario a la prescripción sistemática de fármacos; consideraba que aquel fármaco que servÃa para una persona era inocuo con otra. El tratamiento de la enfermedad debÃa ser personalizado; cada médico tenÃa necesariamente que establecer un vÃnculo personal y único con su paciente, si querÃa hacer honor a su juramento hipocrático.
El tratamiento debÃa ser pues personalizado y esto por tres motivos que hacen de Arnau, un adelantado a su tiempo. En primer lugar por que cada déficit de “spiritus” responde a una problemática concreta que tiene que ver con el sujeto como tal, con su comportamiento moral, su estilo de vida y su actividad; toda enfermedad es, pues, la manifestación de un desarreglo más profundo. En segundo lugar, porque el médico debe penetrar en el conocimiento de la enfermedad a través de la “experiencia”; esto le ha valido a Arnau el ser considerado como un precursor del empirismo, pero más bien, cuando se refiere a “experiencia” Arnau aludiendo a la “intuición mÃstica” esto es a prescindir de todo apriorismo y situarse con una mixtura de amor, caridad, unión con Dios y vacÃo interior, ante el paciente, estado de conciencia en el que aparecerá la “intuición mÃstica”. Finalmente, Arnau es un precursor de los tratamientos psicológicos: considera que la fuerza de voluntad y la convicción del paciente en su curación, le conducirán inexorablemente a ella. Para Arnau la curación puede ser, en el fondo, autocuración.
Arnau, médico de poderosos, no utilizó su influencia para alcanzar fama y poder, sino antes bien, aprovechó su privilegiada situación para difundir sus ideas espirituales sobre el fin de los tiempos y la necesaria reforma de la cristiandad.
Arnau y lo “holÃstico”
Cuando esto ocurrÃa, la obra de Arnau habÃa entrado en el terreno mÃtico. Ciertamente no se habÃa producido la venida del Anticristo y su polémica escatológica parecÃa haber sido estéril. La aparición de los apócrifos arnaldianos, la condena de su obra y la quema de buena parte de sus libros, hicieron que, a principios del siglo XVI, su figura quedara muy difuminada y se perdiera entre las brumas de la leyenda. En los últimos tiempos se ha pretendido hacer de Arnau una especie de avanzado de la ciencia médica moderna y se ha intentado despojar a sus escritos de todo lo que supusiera colusión con la magia, la cábala y la alquimia; se ha minimizado incluso su profetismo escatológico, reduciéndolo a una aportación anecdótica en el seno de su obra epistemológica y antropológica.
Pero todo esto supone olvidar que Arnau fue perseguido precisamente por eso que hoy se niega que estuviera presente en su obra. No fue perseguido por obtener derivados del mercurio sino por su práctica de la alquimia; no fue perseguido tanto por su apelación a la experiencia como por su voluntad de penetrar en los secretos del futuro mediante la interpretación profética; curó por procedimientos muy distintos de lo que hoy se entiende por “método cientÃfico”, curó con una mezcla de magia, intuición espiritual y terapia psicológica. Su teologÃa y su antropologÃa deben más a JoaquÃn de Fiore y a la cábala herética que a la escolástica o el tomismo.
Disidente en su época, el pensamiento de Arnau es una suma coherente y completa -hoy dirÃamos “holÃstica”- que incluye muchas disciplinas y resume el saber de su tiempo.
No en vano fue considerado un “set sciencies
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Septiembre 16th, 2007 at 9:22 pm
Leyendo dice Arnau que la curaciòn es autocuraciòn, y el paciente tiene que tener fuerza de voluntad y convicciòn de su curaciòn y tiene razòn porque si uno piensa no me voy a curar, no se cura,o estoy enfermo las medicinas no sirven no sirven, es autocuraciòn, interesante
Septiembre 18th, 2007 at 9:22 pm
LOS GRANDES HOMBRES O MUJERES SE VAN PERO DEJAN UN GRAN LEGADO A LA HUMANIDAD, SIGUEN AYUDANDO APESAR DEL TIEMPO.
Septiembre 23rd, 2007 at 12:39 am
Es increible cuanto tiempo atras se viene hablando de la autocuraciòn y es tan dificil para el ser humano, ponerla en practica como parte de su rutina.
Septiembre 26th, 2007 at 1:39 pm
Sus conocimientos nos dan el ejemplo del poder de autosanarnos,el poder esta en nosotros mismos