El Discurso VacÃo
El discurso vacÃo
Por Mario Levrero
Cuando se llega a cierta edad, uno deja de ser el protagonista de sus acciones: todo se ha transformado en puras consecuencias de acciones anteriores. Lo que uno ha sembrado fue creciendo subrepticiamente y de pronto estalla en una especie de selva que lo rodea por todas partes, y los dÃas se van nada más que en abrirse paso a golpes de machete, y nada más que para no ser asfixiado por la selva; pronto se descubre que la idea de practicar una salida es totalmente ilusoria, porque la selva se extiende con mayor rapidez que nuestro trabajo de desbrozamiento y sobre todo porque la idea de la misma de “salida”es incorrecta: no podemos salir porque sabemos que no hay hacia dónde salir, porque la selva es uno mismo, y una salida implicarÃa alguna clase de muerte o simplemente la muerte. Y si bien hubo un tiempo en que podÃa morir cierta clase de muerte de apariencia inofensiva, hoy sabemos que aquellas muertes eran las semillas que sembramos de esta selva que hoy somos.
Sin embargo hoy vi, hacia la caÃda del sol, el reflejo de unos rayos rojizos del sol enanos ladrillos de cerámica barnizada, y me di cuenta de que aún estoy vivo, en el verdadero sentido de la palabra, y de que aún no puedo llegar a situarme a mà mismo: todo es cuestión de encontrar cierto punto justo, mediante cierta voltereta espiritual; no puedo evitar la maraña de consecuencias, no puedo pretender ser el protagonista, otra vez, de mis acciones, pero sà me es posible rescatarme dentro de esas nuevas pautas, aprender a vivir otra vez, de otra manera. Hay una forma de dejarse llevar para poder encontrarse en el momento justo en el lugar justo, y este “dejarse llevar” es la manera de ser el protagonista de las propias acciones —–cuando uno ha llegado a cierta edad.
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